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Coronas y Conquistas·4/4·3
Photograph of Auschwitz-Birkenau Memorial

The place

Auschwitz-Birkenau Memorial

La revuelta de los condenados

La rebelión de quienes ya estaban muertos — y las cuatro mujeres que la hicieron posible

Segunda Guerra Mundial (7 de octubre de 1944)Auschwitz-Birkenau Memorial

En Auschwitz había un grupo de presos con un destino peor que la muerte. Los llamaban Sonderkommando. Judíos a los que las SS obligaban a hacer lo impensable: llevar a otros judíos a las cámaras de gas, sacar los cadáveres, arrancarles los dientes de oro y meter los restos en los hornos crematorios. Las SS los mantenían alimentados y apartados. No por compasión: los necesitaban con fuerzas para que la máquina del exterminio no parara. Todos lo sabían. Cuando hubieran visto demasiado, serían los siguientes.

En otoño de 1944, la guerra se le caía a pedazos a la Alemania nazi. El ejército soviético avanzaba desde el este y las SS empezaron a destruir pruebas del genocidio: desmontaban cámaras de gas, quemaban documentos. Los Sonderkommando sabían leer las señales. Les tocaba a ellos. Durante meses, un pequeño grupo había ido preparando en silencio algo imposible. No era un plan de fuga ni una misión de rescate. Era una revuelta. El último acto de desafío de hombres que ya estaban sentenciados.

Todo dependía de la pólvora. Cuatro mujeres judías — Ala Gertner, Roza Robota, Regina Safirsztajn y Estera Wajcblum — trabajaban en una fábrica de municiones junto al campo. Durante meses sacaron pequeñas cantidades escondidas entre los pliegues de sus vestidos y en recipientes con doble fondo, pasándola de mano en mano a través de una cadena de presos hasta los crematorios. Ninguna llegaba a los treinta. Sabían que si las descubrían, les esperaban la tortura y la muerte. Lo hicieron de todos modos.

El 7 de octubre de 1944, los Sonderkommando del Crematorio IV recibieron la noticia: iban a matarlos ese mismo día. Así que se adelantaron. Con la pólvora acumulada, granadas caseras hechas con latas y cualquier herramienta a mano, atacaron a los guardias de las SS. Mataron a tres y prendieron fuego al Crematorio IV. Las llamas y una columna de humo negro se alzaron sobre Birkenau, visibles desde cada rincón del campo.

Los presos del Crematorio II se sumaron a la lucha. Algunos cortaron las alambradas y huyeron a campo abierto. Pero las SS trajeron refuerzos enseguida: soldados, perros, potencia de fuego aplastante. A los fugitivos los cazaron y los mataron. En cuestión de horas, todo había terminado. Cuatrocientos cincuenta y un Sonderkommando murieron aquel día. Algunos cayeron peleando. A la mayoría los ejecutaron después de rendirse.

Las SS rastrearon la pólvora hasta la fábrica y de ahí hasta las cuatro mujeres. Ala, Roza, Regina y Estera fueron arrestadas y torturadas durante semanas. Las SS querían nombres: cada eslabón de la cadena. Ninguna de las cuatro se quebró. No dieron un solo nombre. No pusieron en riesgo a un solo preso más.

El 6 de enero de 1945 — apenas veintiún días antes de que el ejército soviético liberara Auschwitz — las cuatro fueron ahorcadas delante de los prisioneros reunidos. Cuando le colocaron la soga al cuello, Roza Robota pronunció unas palabras que los supervivientes jamás olvidarían: «Hazak v’amatz» — en hebreo: «Sed fuertes y valientes».

Fueron de las últimas presas ejecutadas en Auschwitz. Tres semanas después, el campo fue liberado. El crematorio que ellas ayudaron a destruir no se reconstruyó jamás. Dicen que no hay mal que cien años dure. Ellas no pensaban darle la oportunidad.

Moraleja de la historia

Incluso cuando la muerte es segura, la decisión de resistir — de pelear, de negarse a callar, de negarle a tu verdugo la victoria final de tu silencio — es el acto supremo de libertad.

Personajes

A
Ala Gertner
R
Roza Robota
R
Regina Safirsztajn
E
Estera Wajcblum
L
Los prisioneros del Sonderkommando

Fuente

Auschwitz-Birkenau Memorial archives; Sonderkommando testimonies; Yad Vashem documentation