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Lo Perdido y lo Hallado·1/1·4
Photograph of Chateau de Chillon

The place

Chateau de Chillon

Bonivard — El prisionero de Chillon

Seis años encadenado a un pilar por creer en la libertad

16th century (1530-1536)Chateau de Chillon

En 1530, unos soldados del Duque Carlos III de Saboya interceptaron a un hombre en un camino cerca de Ginebra. Se llamaba François de Bonivard y su delito era uno solo: llevaba años luchando para que Ginebra se liberara del control político del ducado y pudiera gobernarse como república independiente. Por eso — por creer que una ciudad tenía derecho a decidir su propio destino — lo arrastraron hasta los sótanos del castillo de Chillon y lo encadenaron al quinto pilar con un aro de hierro en el tobillo.

El calabozo de Chillon no es una celda estrecha. Es una sala subterránea enorme, con bóvedas de piedra sostenidas por pilares macizos que se pierden en la oscuridad como las columnas de una catedral hundida bajo tierra. Al otro lado de los muros está el lago Lemán, y Bonivard podía escuchar el agua golpeando la roca día y noche — un sonido constante que no marcaba horas ni distinguía estaciones. Podía oír el lago, pero no verlo. No veía las montañas. Solo veía su pilar y la luz tenue que se colaba por unas ranuras demasiado altas para mostrarle el mundo exterior.

Vivió así seis años. Seis años dando vueltas alrededor del mismo pilar, oyendo el agua sin poder tocarla, midiendo el tiempo solo por los cambios en el frío — el frío que te cala los huesos en invierno, el frío apenas más suave del verano en un sótano donde nunca entraba el calor. No lo torturaron de forma dramática. Simplemente lo olvidaron. Lo dejaron caminar y pensar y volver a caminar hasta que sus pasos abrieron un surco en el suelo de piedra que todavía hoy se puede ver.

Dicen que quien espera, desespera. Pero Bonivard ni siquiera tuvo ese lujo. No esperaba nada. El mundo de afuera había dejado de existir para él. Solo quedaban sus pasos, el eco del agua y el hierro en el tobillo. Seis años son suficientes para que un hombre deje de imaginar la libertad y empiece a confundir su celda con su hogar.

En 1536, tropas de Berna — una poderosa ciudad suiza aliada de Ginebra — asaltaron el castillo de Chillon. Cuando bajaron al calabozo, encontraron a Bonivard todavía vivo, todavía encadenado. Le rompieron las cadenas y lo sacaron a la luz del día, una luz que no había visto en seis años. Cuentan que se quedó parado en la puerta del castillo, mirando el lago y las montañas, y lo que sintió no fue alegría. Fue algo parecido al vértigo. El calabozo se había convertido en su mundo, y la libertad le resultaba casi extraña.

Casi tres siglos después, en el verano de 1816, un joven poeta inglés llamado Lord Byron cruzó el lago Lemán en barco para visitar el castillo. Bajó al calabozo, tocó el pilar, vio el surco tallado por los pies de Bonivard, y se conmovió tanto que grabó su propio nombre en el tercer pilar — un acto de vandalismo que hoy es en sí mismo una pieza histórica protegida. Poco después escribió El prisionero de Chillon, un poema que sacó a Bonivard del olvido y lo convirtió en símbolo universal de la resistencia humana.

Byron le dio a Bonivard la voz que nunca tuvo en vida, y expresó algo más terrible que el sufrimiento del encierro: la idea de que la cautividad puede convertirse en una especie de hogar, y que la libertad puede asustar a quien ha vivido demasiado tiempo sin ella.

Hoy los visitantes bajan al calabozo y caminan por el mismo suelo de piedra. Todavía se puede ver el surco alrededor del quinto pilar, tocar el aro de hierro, leer el nombre de Byron grabado en la tercera columna. El castillo de Chillon tiene muchas salas y muchas historias, pero esta bóveda subterránea es su corazón — el lugar donde la historia, la literatura y el sufrimiento humano se encuentran en un silencio que todavía habla.

Moraleja de la historia

El espíritu humano puede soportar años de encierro, pero la libertad no es simplemente la ausencia de cadenas — es algo que hay que reaprender cuando te la han quitado.

Personajes

F
Francois de Bonivard
C
Charles III, Duke of Savoy
L
Lord Byron
B
Bernese liberators

Fuente

Lord Byron, The Prisoner of Chillon (1816); Historical records of the Duchy of Savoy; Chateau de Chillon Archives