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Amor y Desamor·1/3·2
Photograph of Mevlana Museum (Green Dome)

The place

Mevlana Museum (Green Dome)

Ven, Seas Quien Seas

La invitación universal de Rumi a todos los que buscan

Siglo XIII (atribuido)Mevlana Museum (Green Dome)

Hay un poema que lleva más de ochocientos años viajando de boca en boca. Se atribuye a Rumi — el poeta y místico persa del siglo XIII — y empieza con las palabras más simples posibles: «Ven, ven, seas quien seas. Errante, devoto, amante de la huida. No importa. La nuestra no es una caravana de desesperación. Ven, aunque hayas roto tus promesas mil veces. Ven, una vez más, ven, ven.»

En español decimos que «cuando una puerta se cierra, otra se abre.» Pero este poema va mucho más lejos. Aquí la puerta ni siquiera se cierra. Nunca se cerró. No importa quién seas ni qué hayas hecho — la entrada sigue abierta, y alguien sigue esperándote al otro lado.

Esa es precisamente la filosofía que Rumi defendía. En el siglo XIII, mientras gran parte del mundo dividía a la gente en fieles e infieles, en dignos e indignos, las casas de los derviches Mevleví — los famosos «derviches giróvagos» — abrían sus puertas a todos. Sin importar tu fe, tu clase social ni tu pasado.

El poema nombra a tres tipos de personas: el errante, que busca sin saber bien qué; el devoto, que ya tiene un camino; y el «amante de la huida», ese que empieza algo y luego lo abandona. A todos les dice lo mismo: ven. Tu imperfección no te descalifica. Es más, casi te hace más bienvenido.

La frase que más golpea es «aunque hayas roto tus promesas mil veces.» Ahí está la clave. En la tradición islámica existe el concepto de tawba — el arrepentimiento, el acto de volver a Dios. Y lo extraordinario de este concepto es que no tiene límite. Puedes caer mil veces y levantarte mil una.

Y aquí viene lo fascinante: los estudiosos no están seguros de que Rumi haya escrito este poema. Algunos lo atribuyen a Baba Afzaluddin Kashani, un poeta que murió apenas un año después que Rumi. Otros lo relacionan con Abu Sa'id ibn Abi'l-Khayr, un místico que vivió dos siglos antes.

Pero a los derviches Mevleví, los guardianes de la tradición de Rumi en la ciudad turca de Konya, eso nunca les importó demasiado. Ellos lo recitan como si fuera de su maestro. Y en cierto sentido tienen razón: el mensaje encaja perfectamente con todo lo que Rumi enseñó. La transformación espiritual siempre es posible. Nadie queda excluido del camino del amor.

Moraleja de la historia

La puerta de lo divino nunca se cierra. No importa cuántas veces hayas caído: siempre puedes volver. El amor no pone condiciones.

Personajes

R
Rumi (o el poeta)
T
Todos los buscadores

Fuente

Widely attributed to Rumi, though possibly by Bab Afzaluddin Kashani or Abu Sa