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Enigmas del Pasado·5/7·3
Photograph of Delphi - Sanctuary of Apollo & Oracle

The place

Delphi - Sanctuary of Apollo & Oracle

La Pitia — La voz de Apolo

La sacerdotisa que habló por un dios durante más de mil años

8th century BCE - 393 CEDelphi - Sanctuary of Apollo & Oracle

Durante más de mil años, la persona más poderosa del mundo antiguo no fue un rey ni un general. Fue una mujer. Sola, sentada sobre un trípode de bronce en lo más profundo de un templo, respirando los vapores que brotaban de una grieta en la roca. Era la Pitia, el Oráculo de Delfos. Los griegos creían que cuando ella hablaba, era Apolo, el dios de la profecía, quien lo hacía a través de su boca. Reyes de todo el mundo cruzaban continentes y esperaban meses enteros por el privilegio de hacerle una sola pregunta.

La Pitia siempre era una mujer de Delfos. Al principio debía ser joven y soltera, hasta que un visitante agredió a una de ellas. Desde entonces, solo se elegían mujeres mayores de cincuenta, aunque seguían vistiendo las túnicas blancas de doncella. El día que era elegida lo dejaba todo: su casa, su familia, hasta su nombre. Desde ese momento, pertenecía a Apolo. Sería su voz hasta el día de su muerte.

El ritual se celebraba una vez al mes, siempre el día siete, el número sagrado de Apolo. La Pitia ayunaba, se bañaba en un manantial helado de montaña y descendía hasta la cámara más profunda y restringida del templo. Allí se sentaba en su trípode, justo encima de la grieta. Un gas dulzón subía desde las entrañas de la tierra y la dejaba mareada, como flotando. Masticaba hojas de laurel, bebía agua sagrada y, poco a poco, caía en trance.

Lo que pasaba después era aterrador. La Pitia empezaba a temblar, a gritar, a hablar con una voz que los testigos juraban que no era la suya. Sus palabras salían en bruto, desordenadas, imposibles de seguir. Pero los sacerdotes que la rodeaban captaban cada sonido y convertían aquellos gritos en profecías perfectamente medidas. Siempre eran acertijos. Porque el Oráculo nunca mentía — simplemente se aseguraba de que la verdad tuviera más de un significado.

Esos acertijos cambiaron el mundo. Creso, rey de Lidia y el hombre más rico de su época, preguntó si debía atacar Persia. La respuesta: «Si cruzas el río, un gran imperio caerá». Creso marchó al este, seguro de su victoria. El imperio que cayó fue el suyo. Ya lo dice el refrán: el hombre propone y Dios dispone. Solo que con la Pitia, el dios te lo decía en la cara y aun así no te enterabas.

Cuando Atenas enfrentó una invasión persa masiva en el 480 a.C., el Oráculo pronunció otra de sus frases imposibles: «Confiad en los muros de madera». La mayoría pensó en fortificaciones. Pero el general Temístocles insistió en que Apolo se refería a los barcos de guerra. Atenas lo apostó todo a su flota y aplastó a los persas en la batalla de Salamina. Quien supo descifrar las palabras del dios salvó una civilización entera.

¿Qué pasaba realmente en aquella cueva? En 2001, un equipo de geólogos descubrió que bajo las ruinas del templo se cruzan dos fallas geológicas. Esas grietas pudieron liberar etileno, un gas que en pequeñas dosis produce exactamente lo que describen las fuentes antiguas: una sensación de flotar, de desprenderte de tu propio cuerpo. Quizás la Pitia simplemente se intoxicaba con los vapores. O quizás había algo más. Lo que importa es esto: la gente creía en ella, y esa fe movió ejércitos y derribó reinos.

El final llegó en el 393 d.C. El emperador romano Teodosio, cristiano convencido, estaba decidido a acabar con toda la religión griega. Envió un mensajero a Delfos para preguntar si al Oráculo le quedaba algo por decir. La respuesta es una de las despedidas más sobrecogedoras de la historia: «Decid al emperador que el gran templo ha caído. Apolo ya no tiene refugio, ni laurel sagrado, ni fuente que hable. Hasta el agua ha enmudecido». Después de más de mil años, la voz del dios calló para siempre.

Moraleja de la historia

El Oráculo nunca mintió. Solo se aseguraba de que la verdad tuviera siempre más de una cara. Para entender sus respuestas hacía falta exactamente lo que los griegos grabaron sobre la puerta de su templo: Conócete a ti mismo.

Personajes

L
La Pitia
A
Apolo
C
Creso de Lidia
T
Temístocles
L
Los Sacerdotes de Apolo

Fuente

Herodotus’s Histories, Plutarch’s Moralia (On the Pythian Oracles), Pausanias’s Description of Greece, Diodorus Siculus’s Bibliotheca Historica