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Profetas y Peregrinos·1/1·3
Photograph of Meteora

The place

Meteora

Atanasio el Meteorita — El primer ascenso

Cómo un ermitaño escaló una roca imposible y fundó un monasterio en el cielo

14th century (c. 1340)Meteora

A principios del siglo XIV, un monje llamado Atanasio huyó del Monte Athos, la república monástica más antigua de Grecia. Piratas catalanes y turcos llevaban años atacando la Montaña Sagrada, saqueando monasterios y matando monjes. Atanasio reunió a un pequeño grupo de seguidores y se adentró en la Grecia continental con una sola idea: encontrar un lugar tan remoto, tan inaccesible, que ningún ejército pudiera alcanzarlo.

Lo encontró en Tesalia. Cuando Atanasio vio por primera vez los pilares de roca de Meteora, supo que había llegado. Gigantescas columnas de piedra se alzaban desde la llanura como puños de la tierra apuntando al cielo. La más alta, llamada Platys Lithos — la Roca Ancha — se elevaba más de cuatrocientos metros sobre el valle. Sin senderos, sin escaleras. Los pastores locales decían que aquella cumbre era territorio de águilas y ángeles, no de hombres.

Dicen que la fe mueve montañas. Atanasio no movió la montaña — la escaló. Según las crónicas de los propios monasterios de Meteora, un águila lo llevó hasta la cima. Otras versiones dicen que fue un ángel disfrazado de águila. Quizás encontró una ruta secreta que la erosión borró hace siglos. Lo único seguro es que alrededor de 1340, Atanasio estaba de pie en la cumbre de la Gran Roca, solo entre las nubes, más cerca del cielo que cualquier monje en la cristiandad.

Sobre esa roca imposible, Atanasio fundó el Monasterio del Gran Meteorón: el «Monasterio Suspendido en el Aire». Trajo consigo las tradiciones litúrgicas y la disciplina comunitaria del Monte Athos, adaptándolas a una vida en la cumbre de un precipicio. Talló una capilla directamente en la roca viva, cultivó un huerto en la fina capa de tierra acumulada durante milenios y diseñó el sistema de cuerdas y poleas que definiría la vida monástica de Meteora durante siglos.

El nombre que eligió para sí mismo — «el Meteorita», del griego meteoron, «suspendido en el aire» — terminó dándole nombre a toda la formación rocosa. Atanasio impuso reglas estrictas: ninguna mujer podía subir, los monjes debían guardar silencio la mayor parte del día, y las redes de cuerda que usaban para alcanzar la cima no se reforzaban a propósito. Cada ascenso era un acto de fe. Si la cuerda aguantaba, era porque Dios así lo quería.

Atanasio murió alrededor de 1383, tras más de cuarenta años viviendo en la cumbre de su roca. Para cuando cerró los ojos, su ejemplo había inspirado a ermitaños y monjes a fundar comunidades en los pilares vecinos. La tradición que él creó — un estilo de vida monástica llevado al límite de lo posible, en desafío deliberado a la gravedad y al sentido común — sobrevivió siete siglos y produjo una de las comunidades religiosas más extraordinarias que el mundo haya conocido.

Moraleja de la historia

Los mayores logros espirituales exigen la voluntad de intentar lo que parece imposible. La fe no es la ausencia del miedo, sino la decisión de escalar a pesar de él.

Personajes

S
San Atanasio el Meteorita
L
Los monjes del Monte Athos
L
Los ermitaños de Tesalia

Fuente

Meteora monastic chronicles, Nikephoros Gregoras's Roman History, D.M. Nicol's "Meteora: The Rock Monasteries of Thessaly" (1963)