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Heroes Warriors·1/5·8
Photograph of Baalbek

The place

Baalbek

Fairuz entre las columnas

Cómo un festival de música nacido a la sombra de las columnas de Júpiter sobrevivió a la guerra civil, los bombardeos y la pandemia — y se convirtió en el himno de resiliencia del Líbano

1956 (fundación del festival) – presente; 1975-1997 (silencio de la guerra civil)Baalbek

En 1956, doce voluntarios libaneses — poetas, músicos, diplomáticos, soñadores — miraron las seis columnas que quedaban del Templo de Júpiter en Baalbek y vieron algo que dos mil años de conquistadores no habían notado. No vieron ruinas. Vieron un escenario. Las columnas más altas del mundo clásico, veinte metros contra el cielo del valle del Bekaa, con sus capiteles corintios todavía sosteniendo fragmentos del entablamento romano. Así nació el Festival Internacional de Baalbek, en la época dorada en que Beirut era llamada el París de Medio Oriente.

La voz que definió el festival pertenecía a una joven llamada Nouhad Haddad, conocida por todos como Fairuz. Tenía veintidós años cuando cantó por primera vez en el templo en 1957, y le pagaron una libra libanesa — prácticamente nada. Los Hermanos Rahbani, Assi y Mansour, ya estaban creando el sonido que marcaría a toda una generación: una fusión de melodías árabes tradicionales con arreglos orquestales occidentales. En Baalbek, esa música encontró su anfiteatro natural, y las «Noches Libanesas» se convirtieron en una institución anual.

El festival atrajo a los más grandes del siglo XX. Umm Kulthum, la Estrella de Oriente — la mujer cuyos conciertos de cuatro horas detenían el mundo árabe entero — cantó en 1966, 1968 y 1970, con todo agotado. Ella Fitzgerald llenó el Gran Patio de Júpiter en 1972. Miles Davis tocó su trompeta eléctrica en 1973. Nureyev y Fonteyn bailaron en las escalinatas del Templo de Baco. Cada verano, Baalbek dejaba de ser una curiosidad arqueológica y se convertía en una capital cultural viva.

Entonces la música se detuvo. En abril de 1975 estalló la guerra civil libanesa — un desastre que duró quince años, mató a más de ciento cincuenta mil personas y convirtió Beirut en sinónimo de destrucción. El festival se suspendió. Las luces se apagaron. Baalbek se convirtió en bastión militar: primero del movimiento Amal, luego de Hezbolá, fundado allí en 1982. Bombardeos israelíes golpearon la ciudad en 1984. Durante veintidós años, el Templo de Júpiter quedó en silencio.

Las columnas seguían de pie, sin público, sin propósito, esperando sin garantía de que lo que esperaban volvería alguna vez. Y la pregunta que pesaba sobre todo el Líbano — si la idea de un país donde las culturas se encontraban para hacer música juntas era un sueño que la guerra había destruido para siempre — encontró su símbolo perfecto en esos seis pilares de piedra, solos contra el cielo.

Pero volvió. En 1997, el violonchelista ruso Mstislav Rostropóvich — un hombre que había vivido la censura soviética, que había refugiado al escritor Solzhenitsyn en su propia casa, que había tocado Bach al pie del Muro de Berlín la noche que cayó — subió a las escalinatas del Templo de Baco y tocó para dos mil quinientas personas. El silencio se rompió. Dicen que no hay dos sin tres, pero en Baalbek la cuenta es otra: la guerra lo detuvo, los bombardeos lo hirieron, la pandemia lo encerró — y cada vez, la música regresó más fuerte.

En 2006, bombas cayeron a trescientos metros de los templos. Se canceló. Volvió. Durante la pandemia, el festival se transmitió en línea y alcanzó diecisiete millones de espectadores. En 2024, ataques israelíes cancelaron la temporada otra vez. En julio de 2025, regresó bajo el lema «Voz de la Resiliencia» con Carmen en el escenario romano. Cada interrupción profundizó su significado. Cada regreso probó lo que las columnas llevan dos mil años demostrando: que lo que sobrevive no es lo que se protege de la destrucción, sino lo que se reconstruye después de ella.

Moraleja de la historia

La música no necesita paredes para ser un templo — y la verdadera medida de una civilización no es si sobrevive a la guerra, sino si, después del silencio, todavía puede cantar.

Personajes

F
Fairuz (Nouhad Haddad, la voz del Líbano)
L
Los Hermanos Rahbani (Assi y Mansour, compositores)
U
Umm Kulthum (la Estrella de Oriente)
M
Mstislav Rostropóvich (violonchelista ruso, regreso de 1997)
E
Ella Fitzgerald (actuó en 1972)

Fuente

Baalbeck International Festival Archives, baalbeck.org.lb; Fisk, Robert. Pity the Nation: Lebanon at War, 1990; Rahbani Foundation Archives; UNESCO World Heritage Centre, Baalbek (1984); Halliburton, Richard. Complete Book of Marvels; NPR reporting on 2024 strikes; Xinhua, Baalbeck Festival 2025 return