En el invierno del año 73, el general Flavio Silva se plantó al pie de un acantilado y miró hacia arriba. Cuatrocientos metros sobre él, en una meseta de roca llamada Masada, 960 rebeldes judíos ocupaban la última fortaleza que seguía en pie contra Roma. Jerusalén había caído tres años antes. El Segundo Templo —corazón de la fe judía— ardió hasta los cimientos. Todo se había rendido. Todo menos aquella roca en el desierto de Judea.

The place
Masada
La rampa de Silva
Roma levantó una de las mayores obras de asedio de la historia para alcanzar a 960 personas en un acantilado — y arriba solo encontró silencio
Moraleja de la historia
“El poder de un imperio no se mide solo por lo que puede destruir, sino por lo lejos que está dispuesto a llegar para alcanzar lo que lo desafía. Roma podría haberse dado la vuelta ante una roca en el desierto. En cambio, movió una montaña para demostrar que nada — ni la geografía, ni la determinación, ni la voluntad de hombres desesperados en un acantilado — podía quedar fuera de su alcance. La rampa sigue ahí, como prueba de que los imperios gastan más en dar ejemplo que lo que el ejemplo jamás vale.”
Personajes
Fuente
Josephus, Flavius. Bellum Judaicum, Book VII, chapters 275-406; Yadin, Yigael. Masada: Herod's Fortress and the Zealots' Last Stand, 1966; Richmond, I.A. 'The Roman Siege-Works of Masada, Israel,' Journal of Roman Studies 52, 1962; Roth, Jonathan. 'The Length of the Siege of Masada,' Scripta Classica Israelica 14, 1995; UNESCO World Heritage Nomination Dossier #1040, 2001