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Fantasmas y Maldiciones·3/3·4
Photograph of Valley of the Kings

The place

Valley of the Kings

El juicio de los profanadores

«Fuimos a saquear las tumbas, como siempre hacíamos»

Late New Kingdom (c. 1110 BC)Valley of the Kings

Egipto, hacia el 1110 antes de Cristo. El Valle de los Reyes lleva siglos acumulando oro bajo tierra: tumbas enteras llenas de joyas, amuletos y todo lo que un faraón pudiera necesitar en la eternidad. Pero el Egipto de Ramsés IX ya no es lo que era. Las cosechas se pierden, los obreros llevan meses sin ver un grano de cebada, y al otro lado del río, bajo la arena, duerme más oro del que verán en toda su vida. Solo hacía falta que alguien se atreviera.

Todo estalló por culpa de dos alcaldes que se odiaban a muerte. Paser, el alcalde de la Tebas de los vivos —la orilla este— acusó a Pawera, el encargado de la orilla oeste donde estaban las tumbas, de hacer la vista gorda con los saqueadores. O peor: de quedarse con su parte. No era un simple escándalo político. En el antiguo Egipto, la tumba de un faraón era sagrada en un sentido que hoy nos cuesta entender. Profanarla no era solo un robo: era un ataque contra el orden del universo.

El gobierno envió inspectores al Valle. Lo que encontraron fue demoledor. Tumba tras tumba, forzadas. Sarcófagos destrozados. Momias arrancadas de sus vendajes, despojadas de cada anillo, cada amuleto, cada lámina de oro. Tesoros pensados para la eternidad, vendidos en los mercados de Tebas. Cuanto más investigaban, peor: canteros, sacerdotes, guardias, funcionarios cuyo trabajo era proteger esas tumbas. Todos metidos hasta el cuello.

Los juicios que siguieron dejaron algunos de los documentos más brutales de la historia antigua. Algunos confesaron por voluntad propia. A otros les arrancaron la verdad a golpes —les machacaban las plantas de los pies con varas hasta que hablaban—. La confesión más famosa fue la de un cantero llamado Amenpnufer, que describió cómo entró en la tumba del faraón Sobekemsaf II con la calma de quien cuenta qué desayunó esta mañana.

Sus palabras, conservadas en papiro durante más de tres mil años: «Fuimos a saquear las tumbas, como siempre hacíamos. Encontramos al dios en el fondo de su cámara funeraria. Recogimos el oro de la momia junto con sus amuletos y joyas. Prendimos fuego a sus ataúdes.» Como siempre hacíamos. Como si fuera un día más en la oficina. El botín se repartió en ocho partes iguales. Aquello no era un acto desesperado: era crimen organizado, versión faraónica.

A los cabecillas casi seguro los ejecutaron. Pero los robos no pararon. El hambre es mala consejera, dice el refrán — pero cuando llevas meses sin comer, es la única consejera que te queda. La economía se hundía, y para los obreros hambrientos de la orilla oeste, el oro de los muertos era la única forma de seguir vivos.

Al final, los sacerdotes encargados de custodiar los cuerpos reales se rindieron. En lugar de proteger las tumbas, sacaron las momias en secreto y las escondieron en dos lugares tan bien elegidos que nadie los encontró en casi tres mil años.

Cuando esos escondites se descubrieron en el siglo XIX, allí estaban los cuerpos de los faraones más legendarios de Egipto: Ramsés el Grande, Seti I, Tutmosis III. Apilados en ataúdes sencillos, despojados de todo su tesoro, pero intactos. Los sacerdotes los habían salvado de la destrucción total escondiéndolos de su propio pueblo.

Hace tres mil años, un cantero miró las tumbas más sagradas de la tierra y se encogió de hombros: ese oro no le sirve de nada a los muertos. Los Papiros del Robo de Tumbas son la prueba de que ningún tesoro, por sagrado que sea, está a salvo de gente lo bastante hambrienta. Y de que la línea entre el que protege y el que roba siempre ha sido más fina de lo que nos gustaría creer.

Moraleja de la historia

Ningún tesoro, por sagrado que sea, está a salvo de quien tiene el estómago vacío. Y la línea entre el que protege y el que roba siempre ha sido más fina de lo que nos gustaría creer.

Personajes

A
Amenpnufer (saqueador de tumbas)
P
Paser (alcalde de la Tebas oriental)
P
Pawera (alcalde de la Tebas occidental)
R
Ramsés IX (faraón)

Fuente

Peet, T. Eric. The Great Tomb Robberies of the Twentieth Egyptian Dynasty. Oxford, 1930; Papyrus Abbott, British Museum