Skip to main content
Profetas y Peregrinos·2/3·10
Photograph of Old City of Jerusalem

The place

Old City of Jerusalem

El Viaje Nocturno

Un profeta roto, un corcel alado y un ascenso por siete cielos que cambió el mundo para siempre

c. 621 CE (the Isra and Mi'raj); 691 CE (Dome of the Rock construction)Old City of Jerusalem

Corría el año 619. Los musulmanes lo llaman el Año de la Tristeza, y el nombre se queda corto. Muhammad llevaba años predicando un mensaje que incomodaba a los poderosos de La Meca. Pero tenía dos escudos: su tío Abu Talib, que lo protegía por puro orgullo de sangre, y su esposa Jadiya, la primera persona que le creyó cuando bajó temblando de una cueva diciendo que un ángel le había hablado. Ese año los perdió a los dos. Sin protector. Sin refugio. Intentó buscar aliados en la ciudad de Taif. Lo recibieron a pedradas.

Dicen que Dios aprieta pero no ahoga. Aquella noche apretó hasta el límite — y luego abrió el cielo. En su momento más oscuro, con cincuenta años y la sangre aún seca en las sandalias, apareció el ángel Yibril con una criatura llamada Buraq: un corcel alado cuyo paso cubría el horizonte. En un instante cruzaron mil doscientos kilómetros de desierto hasta Jerusalén, hasta el Monte del Templo — la colina donde Abraham levantó el cuchillo sobre su hijo y Salomón construyó su templo.

Dentro del santuario lo esperaba algo imposible: todos los profetas que Dios había enviado desde el principio de los tiempos. Yibril le dijo que dirigiera la oración. El último profeta guió a los primeros. Después, desde la misma roca donde estuvo el Sanctasanctórum judío, Muhammad ascendió por siete cielos. En cada uno lo recibió un profeta. Adán en el primero, llorando por las almas perdidas. Jesús y Juan Bautista en el segundo. José en el tercero, al que Dios le había dado «la mitad de toda la belleza».

Moisés lo esperaba en el sexto cielo, llorando porque la comunidad de Muhammad sería más numerosa que la suya. En el séptimo, Abraham — padre de las tres grandes religiones — estaba recostado contra la Kaaba celestial y le sonrió. Pero el viaje no había terminado. Muhammad siguió solo. Ni siquiera Yibril pudo acompañarlo: «Un paso más y me consumo». Llegó al Árbol del Loto del Límite Extremo, el borde mismo de la creación. Allí, frente a frente con Dios, recibió una orden: cincuenta oraciones diarias.

Aceptó sin rechistar. Pero al bajar, Moisés lo frenó. «Conozco a la gente. No van a poder con eso — yo lo intenté con los israelitas.» Muhammad volvió a subir. Cuarenta. Moisés negó con la cabeza. Treinta. Veinte. Diez. Al final quedaron cinco, cada una con el valor de diez. Moisés insistió en que pidiera menos. Muhammad respondió: «He pedido tantas veces que me da vergüenza. Acepto cinco.» Esas cinco oraciones siguen marcando el día de dos mil millones de personas.

Cuando volvió a La Meca, su cama todavía estaba tibia. No había pasado ni una noche. Los líderes se rieron: ¿un viaje de ida y vuelta a Jerusalén en unas horas? Le exigieron que describiera una ciudad que jamás había visitado. Dios puso una visión ante sus ojos y describió puertas, murallas y edificios con exactitud perfecta. La mayoría lo llamó mentiroso. Pero su amigo más cercano, Abu Bakr, no dudó ni un segundo: «Si él dice que pasó, pasó.» Desde ese día lo conocieron como al-Siddiq — el Confirmador.

Setenta años después, el califa Abd al-Malik levantó la Cúpula de la Roca sobre la piedra desde la que Muhammad subió al cielo. El muro occidental del Monte del Templo — el Muro de los Lamentos para los judíos — los musulmanes lo llaman el Muro del Buraq, por el corcel que lo llevó entre las estrellas. Una sola noche convirtió a Jerusalén en la tercera ciudad más sagrada del islam. Una roca. Tres religiones. Y la misma búsqueda antigua e inacabada de tocar el cielo.

Moraleja de la historia

Las revelaciones más profundas no llegan en los momentos de triunfo, sino en los de absoluta desesperación — cuando todo lo que nos sostenía ha sido arrancado. A Muhammad no le fue dado el cielo cuando era victorioso, sino cuando estaba roto; no cuando el mundo lo celebraba, sino cuando le arrojaba piedras. El Viaje Nocturno enseña que el dolor, soportado con fe, puede convertirse en la puerta hacia lo infinito.

Personajes

P
Prophet Muhammad
A
Angel Jibril (Gabriel)
T
The Buraq (celestial steed)
P
Prophet Musa (Moses)
P
Prophet Ibrahim (Abraham)
A
Abu Bakr al-Siddiq

Fuente

Quran, Surah Al-Isra 17:1; Sahih al-Bukhari, Book of Merits of the Helpers, Hadith 3887 (Night Journey account); Sahih Muslim, Book of Faith, Hadith 162; Ibn Hisham, Al-Sirah al-Nabawiyyah (Life of the Prophet); al-Tabari, Tarikh al-Rusul wa'l-Muluk (History of Prophets and Kings); Creswell, K.A.C., Early Muslim Architecture (Dome of the Rock); Colby, Frederick, Narrating Muhammad's Night Journey, 2008; Vuckovic, Brooke Olson, Heavenly Journeys, Earthly Concerns, 2005